El patrono de Fundación PONS y exdirector de la Dirección General de Tráfico, Pere Navarro, concedió una entrevista al segundo diario más leído de Brasil, el periódico Folha de S. Paulo, tras asistir a principios de septiembre al Fórum Arteris de Segurança, el encuentro celebrado en Brasil donde especialistas de todo el mundo debatieron sobre tendencias y soluciones para el desafío global que supone la Seguridad Vial.

El descenso de las muertes por accidentes de tráfico en Brasil – más de 38.000 en 2015 – debe ser una cuestión de Estado prioritaria, al margen de partidos o mandatos políticos. “Brasil tiene problemas, efectivamente. Pero hay pocos problemas que provoquen 38.000 muertes anuales. Creo que reducir esta tragedia es un proyecto de país, no un proyecto de derechas o izquierdas”, afirma Pere Navarro, especialista español en seguridad vial.

Al frente de la Dirección General de Tráfico de España de 2004 a 2012, el ingeniero ordenó implantar medidas que contribuyeron a un descenso drástico de las muertes en accidentes de tráfico en el país.

Entre 2004 y 2015 el número de víctimas por accidentes de tráfico en España descendió de 4.741 a 1.689, una reducción del 64%. El gobierno apostó fuertemente por las campañas publicitarias y reforzó la vigilancia.

Pese a ello, el país se  enfrenta ahora a un nuevo peligro: las distracciones por el uso del teléfono móvil. “El año pasado, por primera vez, este tipo de distracciones fueron la primera causa de accidentes mortales, por delante de la velocidad. Durante los últimos seis años los accidentes por distracción se han duplicado, debido en gran parte al uso excesivo e inadecuado del teléfono móvil durante la conducción”, afirma.

Navarro ha estado en Brasil a principios de mes para participar en el Fórum Arteris de Segurança, promovido por una concesionaria de carreteras de origen español.

Folha – ¿Cómo se explica el caso de éxito en España? ¿Es posible reproducirlo en Brasil?

Pere Navarro Olivella – Claro que sí. Un hecho importante a destacar en España es que durante ocho años las políticas de seguridad vial han estado a cargo de un mismo equipo. La estabilidad es importante para la seguridad. Los cambios constantes entre los responsables de la seguridad vial dificultan la obtención de buenos resultados.

En segundo lugar, hemos colocado a las víctimas y a sus familias en el centro de la política de seguridad vial. En general, habían sido olvidadas. Sin embargo, son ellas las que tienen toda la credibilidad para hablar del asunto, para convencer y trabajar para que nadie más pase por lo que ellas han pasado.

En tercer lugar, los datos. Es muy importante tenerlos y compartirlos con todos los ciudadanos para que sean conscientes de la magnitud de la siniestralidad.

Y, en cuarto lugar, la vigilancia, ya que la seguridad vial es educación, formación de los conductores, información y, sobre todo, control para dar la sensación de castigo, para hacer que se cumplan las leyes.

¿La transformación que España ha conseguido también se ha debido al refuerzo de la vigilancia?

Antes de que se aplicaran las nuevas políticas de seguridad, ya estaba prohibido beber y conducir, era obligatorio ponerse el cinturón de seguridad y respetar los límites de velocidad, pero la ley no se cumplía. Con la nueva política, la ley seguía siendo la misma, pero los ciudadanos pasaron a obedecerla. Este ha sido probablemente el mayor cambio experimentado en el país.

En 2004 teníamos el doble de la media europea de muertes por accidentes de tráfico. En aquel momento nos dimos cuenta de que, si en otros países había tasas muy inferiores, nosotros también podíamos mejorar.

Actualmente somos el cuarto país europeo con índices más bajos de muertes por accidentes de tráfico, después de Suecia, Holanda y el Reino Unido.

Y al igual que América Latina, España también es latina. Nos gusta beber, salir de fiesta, nos gusta ir en coche a la playa o a la montaña. Y si nosotros hemos podido cambiar ese escenario, Brasil también podrá haberlo.

Actualmente, Brasil está atravesando una crisis política y económica. ¿De qué forma puede constituir un impedimento para las políticas sobre seguridad vial?

En mi opinión, si la gente vive razonablemente bien y los principales problemas de un país están medianamente resueltos, sería más fácil dialogar sobre seguridad vial.

En todo caso, en Brasil ocurren más de 38.000 muertes al año por accidente de tráfico. Sé que este país tiene muchos problemas, pero hay pocos problemas que supongan 38.000 muertes al año.

Creo que cambiar este marco trágico es un proyecto de país. No se trata un proyecto de derechas o de izquierdas, sino de un proyecto de Estado, de todos, y es posible hacerlo.

¿Cómo introducir ese cambio en el debate público?

Cuando en España hay elecciones políticas, todos los partidos incluyen en sus programas medidas para hacer frente a los accidentes de tráfico. Cuando hay un debate sobre el Estado, sobre la nación y sobre el país que queremos, un problema que deja más de 38.000 muertes merece una referencia específica.

Tiene que ser un discurso comprensible, razonable, que los ciudadanos puedan entender, que ponga de manifiesto que los accidentes de tráfico son evitables.

O diciendo: vamos a priorizar la seguridad vial sobre cualquier otra cuestión de tráfico. Incluso manifestando que no hay soluciones milagrosas. Lo que debemos hacer es tomar medidas coherentes a lo largo del tiempo.

Pero insisto: no se puede politizar. Este es un problema de Estado, no de izquierdas o derechas. Las soluciones técnicas, las estrategias, es decir, aquello que hay que hacer, está claro. Pero para hacer viables estas medidas, se debe alcanzar un consenso político.

España ha destacado por hacer campañas publicitarias agresivas dirigidas a reducir los accidentes y las muertes. ¿Qué peso tiene esta herramienta sobre la población?

En mi opinión, las campañas por sí solas tienen un efecto limitado. Mejoran la situación, pero si no se toman otras iniciativas, en seis meses volveremos al punto de partida.

La campaña tiene sentido cuando, junto a ella, se pone en marcha una medida de control, de vigilancia. La campaña sirve para explicar la medida, para convencer a los ciudadanos de una medida importante.

No nos engañemos, es más importante la vigilancia que las campañas publicitarias.

¿Cuáles son los desafíos más recientes de España en este tema?

El año pasado, por primera vez, las distracciones fueron la primera causa de accidentes mortales, por delante de la velocidad. Durante los últimos seis años los accidentes por distracción se han duplicado, debido en gran parte al uso excesivo e inadecuado del teléfono móvil durante la conducción.

Existe un estudio que revela que mandar mensajes mientras se está conduciendo equivale a conducir bajo el efecto de cuatro cervezas.

Otros estudios demuestran que el 50% de los conductores, de hasta 50 años, reconocen que leen y escriben mensajes mientras están conduciendo.

Este problema ocurre no solo entre los conductores, sino también entre los motoristas, los ciclistas y los peatones.

¿Cuál es la solución?

No hay una solución milagrosa. En este momento se están realizando campañas publicitarias de concienciación que enseñan a la gente a cambiar dicha conducta.

Debemos decir a la población que, así como un pasajero al entrar en un avión apaga su teléfono, el conductor debería hacer lo mismo al entrar en el coche.

Pero, además de esta medida, hay otra herramienta que en España se está planteando de manera incipiente: la creación de un sistema tecnológico que detecte in fraganti al conductor que esté manipulando el teléfono móvil mientras conduce.

Este problema de la telefonía móvil en la conducción es una cuestión generalizada en todo el mundo y representa una tendencia mundial.  

 

(Imagen y contenido cedido por Folha de S. Paulo. La entrevista original aquí)

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